8/11/09

Los chicos no preguntan...(sic)

Si esta frase fuera cierta, estaríamos frente a un serio problema.

¿Se entiende? -pregunta el maestro-
Silencio, que se acepta como afirmación.
¿Alguna pregunta? –insiste el docente.
¿Cuándo es la prueba? – se atreve el alumno.

Estos breves (y tristes) diálogos darían cuenta del problema.
Otros, maravillosos, nos animan a seguir entrando al aula todos los días.

Hace unos cuántos años leí un artículo de Carl Sagan, el astrónomo dedicado a la divulgación científica, que advertía sobre la progresiva desaparición de las preguntas entre los jóvenes de EEUU, sus posibles causas y los efectos que esto produciría en la potencia militar más grande del planeta. ¿Con qué fundamentos podrá este joven (sin preguntas) accionar el botón del misil que se le adjudique en el futuro próximo? - Buena pregunta, Mr Sagan.

Si consideramos lo que plantea el filósofo Gadamer, que el preguntar es abrir, abrir al conocimiento, preguntar es también el arte de pensar. Entonces, la preocupación de Sagan no era exagerada.

Desde otro paradigma, el maestro Paulo Freire y su pedagogía de la pregunta nos propone reflexionar sobre el tema: siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los estudiantes no han hecho. En la escuela que propone Freire “los maestros y alumnos, se reúnen en el aula de clase para plantearse preguntas acerca de los problemas prácticos de sus vidas, de sus comunidades y del conocimiento que esperan construir”. Estas son preguntas “auténticas”, no son preguntas de examen. La diferencia entre unas y otras está en el tipo de respuestas que se espera.

Las preguntas de examen sólo aceptan una respuesta, la correcta. Se formulan en un contexto que supone un conocimiento dado, acabado, incuestionable, al que sólo accedemos por reproducción. Son preguntas sin horizonte o sin sentido, en el vacío que no lleva a ninguna parte. Si los niños sólo son interrogados de este modo lejos estarán de apasionarse por el conocimiento. …y se quedarán ellos mismos sin preguntas.

Las preguntas auténticas motivan la búsqueda, son abiertas a la posibilidad de múltiples respuestas. Se formulan en un contexto que supone al conocimiento como producto de un proceso social de construcción, inacabado, cuestionable, transformador. Si el maestro provoca este tipo de preguntas es por que se ha corrido del centro dador/bancario del conocimiento y está aprendiendo con sus alumnos. Si los niños experimentan esta libertad, sintiéndose autorizados a preguntar, recuperarán la innata curiosidad por conocerse y conocer el mundo en el que viven.

¿qué tipo de preguntas circulan en el aula nuestra de cada día?

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